Ainhoa Tirapu, Garazi Murua y Vanesa Gimbert en el Parlamento Vasco
Jugadoras

Futbolistas en el Parlamento

Ainhoa Tirapu: «Ha habido un crecimiento exponencial en los últimos años que nos ha hecho creer que el fútbol femenino está mucho mejor de lo que en realidad está. Esta lucha nos ha enseñado cuál es la realidad concreta y que no es oro todo lo que reluce. Hay equipos que están muy bien y otros que están muy mal, pero aquí hablamos de lo mínimo que necesita una jugadora para ser de Primera división».

Nos dicen tantas veces que no se deben mezclar política y deporte que ver a tres jugadoras rodeadas de representantes de los ciudadanos puede hacer temer lo peor a más de uno. Nada más lejos de la realidad. Ainhoa Tirapu, Garazi Murua y Vanesa Gimbert dejaron las botas y el uniforme en el vestuario la semana pasada para jugar una competición “simbólica, necesaria y también anacrónica (por tener que luchar todavía por ciertos derechos)” fuera del campo en palabras de Rakel Molina (PNV). Vitoria-Gasteiz era la sede y la cita correspondía a la 57ª sesión de la Comisión de Cultura, Euskera y Deporte del Parlamento Vasco.

Las tres futbolistas del Athletic Club acudieron como representantes de un colectivo inmerso en las negociaciones de esa huelga latente y aplazada al próximo diciembre, cuando se evalúen los progresos alcanzados. Cambie a futbolistas por bomberos o médicos exponiendo su realidad a los diputados y no le sonará tan extraño. Un gremio, eso que las jugadoras son de manera tácita pero no explícita, pues el Real Decreto 1006 enfila su 35 cumpleaños viéndolas todavía como amateurs.

«Si se quiere ofrecer una liga de élite, los derechos de las futbolistas deben ser de élite. No se puede pretender llegar lejos a su costa. Es necesario un cambio cultural y construir un modelo económico sostenible que recompense a las jugadoras y que aumente los ingresos de los equipos».
Rakel Molina
PNV

La serenidad de Tirapu en su exposición no sorprende. Su templanza bajo los palos la traslada al micrófono. Murua y Gimbert le cedieron la labor de portavocía, pero merece la pena reseñar que el trabajo previo de las tres era notable. Sorprendió no escuchar preguntas, por ejemplo, por la experiencia del modelo universitario norteamericano que conoce la getxotarra o el recorrido contractual que le ha tocado vivir durante su carrera a la jugadora más veterana de la competición, caso de la de Bergara. El partido de la claridad en la argumentación estaba ganado frente a unos diputados que les interpelaron por cuestiones más bien generales. “No nos beneficia entrar en el jaleo entre LaLiga y la RFEF”, deslizaba la ‘1’ a preguntas de Carmelo Barrio (Partido Popular).

La comparecencia partía de la iniciativa de Diana Urrea (EH Bildu) para conocer sus reivindicaciones en el contexto ya conocido por el público en general, sea más o menos seguidor del fútbol femenino. Reflexionaba Edurne García (Elkarrekin Podemos) sobre la carencia de referentes femeninos y la demanda de las jugadoras de una mayor presencia en los medios de comunicación públicos. Aludía a su realidad personal: a la hora de hacer un trabajo escolar le hicieron buscar a su hijo en Internet a “las mejores futbolistas en Euskadi” y el buscador sólo le devolvía resultados de hombres. Haga la prueba en el botón de abajo.

Las peticiones

Por deformación cultural, los ojos tienden a irse a los ceros a la derecha y el salario, pero la cifra más importante estriba en los porcentajes. La parcialidad. “Lo importante es la cotización, porque es lo que nos da derechos laborales”, proseguía en su intervención la cancerbera navarra. El sueldo es negociable más adelante sentando unos mínimos. Hay más, como contemplar la antigüedad. Piense en una jugadora que sufre una lesión grave durante un entrenamiento o partido. ¿Entendería que su club no le pague o lo haga con una merma importante después de jugarse su físico durante esa incapacidad temporal? ¿En qué perjudica establecer protocolos contra los abusos o para proteger su maternidad? No son cuestiones que para la RFEF o desde la AFE hayan pasado desapercibidas, pero las jugadoras entienden que es el momento de que se plasmen en un documento. Mejor, en hechos.

Las expectativas

“Somos cautelosas”, admite Ainhoa. El acuerdo está próximo, pero hay puntos de fricción todavía. La Dirección General del Trabajo matiza la principal situación por resolver: la equiparación de los contratos por encima del mínimo salarial con una parcialidad menor. Ejemplo: uno de 40.000 euros por temporada y el 50%. Su aplicación al 75% supondría pasarlo a 60.000€. Se busca un equilibrio para evitar un convenio que se pierda en el medio plazo, como antaño sucediera a las baloncestistas.

Política y deporte se mezclan. Impregnándose una de sus valores y éste de su capacidad de mando para determinar nuevos escenarios. Esas dos dimensiones se retroalimentan, pensemos que para bien. Cabe preguntarse cuánto mejor no sería para los periodistas (por poner un ejemplo) tener tan claro cómo defender sus derechos. Huelga decir que las tres futbolistas lo hicieron con suma habilidad en terreno ajeno.

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